Recepción del artículo: 26-11-2024 | Aceptación del artículo: 21-05-2025 | Publicación del artículo: 29-07-2025
Variables sociodemográficas y uso de fórmulas gramaticales de género en población argentina
Sociodemographic variables and the use of grammatical formulas of gender in the Argentine population
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Centro de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Universidad Abierta Interamericana - CONICET |
Instituto de Investigaciones, Fac. de Psicología, Universidad de Buenos Aires |
Instituto de Investigaciones, Fac. de Psicología, Universidad de Buenos Aires - CONICET |
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Citar como: Soler, J., Cuenva, L., y Cevasco, J. (2025). Variables sociodemográficas y uso de fórmulas gramaticales de género en población argentina. Revista Iberoamericana ConCiencia, 10(2), e0333. https://doi.org/10.70298/ConCiencia.10-2.e0333 |
Introducción
Los estudios sobre género en el lenguaje se han abordado a partir de diversas perspectivas teóricas, y las propuestas tradicionales han sido criticadas en la última década (Papadopoulos, 2021; Zunino, 2022; Stetie et al., 2023). Las lenguas varían en la forma en que marcan el género gramatical, en función de lo que han propuesto diversas taxonomías (Dixon, 1987; Gygax et al., 2019; Hellinger y Bußmann, 2015; Leaper, 2014). Una de ellas define a los rasgos y categorías útiles para marcar el género en las lenguas como “gramáticas de género” (Gygax et al., 2019). Entre ellas, se distinguen el masculino, el femenino y el neutro, o incluso más géneros (como el vegetativo), lo que depende de cada lengua (Boroditsky et al., 2003). En idiomas como el español, alemán e italiano, el género gramatical controla la concordancia y asigna género a sustantivos animados e inanimados (Scotto y Pérez, 2020). Sin embargo, los estudios realizados no han tendido a examinar la asignación de género en relación con la presentación de imágenes que aluden a profesiones u oficios, ni han tendido a evaluar población de habla hispana. Considerando esta brecha, el objetivo de este estudio fue examinar el interjuego entre la utilización de fórmulas gramaticales neutras (FGN) y variables sociodemográficas en relación con la presentación de estímulos visuales referidos a escenas laborales en población argentina.
Asignación de género y lenguaje sexista
La asignación de género en sustantivos que refieren a personas es compleja, y se encuentra influenciada por factores sociolingüísticos y pragmáticos, más allá de los gramaticales (Martínez y Dobao, 2024). Los estudios realizados sugieren que el género en los nombres de personas tiende a ser biológico (Ambadiang, 1999), aunque no hay consenso acerca de si esta asignación es arbitraria o motivada (Barrera Linares, 2019; Cabeza Pereiro y Rodríguez Barcia, 2013). Las perspectivas sociolingüísticas y pragmáticas indican que el masculino genérico tiene una función asimétrica, en tanto que puede ocultar a las mujeres en ciertos roles (Giammatteo, 2020; Menegatti y Rubini, 2017; Menegotto, 2020).
Considerando estos sesgos de género, han surgido estrategias para promover un lenguaje inclusivo de género en las comunidades hispanohablantes (Gil y Morales, 2020; Sczesny et al., 2016; Zunino y Dvoskin, 2023). Aunque las propuestas para un lenguaje inclusivo han enfrentado críticas en el ámbito académico y los medios de comunicación (Cremades y Fernández-Portero, 2022), un sector de la sociedad demanda una revisión lingüística para erradicar usos sexistas del idioma y promover la igualdad (Guerrero Salazar, 2020). El sexismo implica un conjunto de creencias sobre cómo deberían relacionarse los sexos y qué comportamientos se consideran adecuados para hombres y mujeres, legitimando roles tradicionales (Nolasco Hernández et al., 2019) y perpetuando desigualdades y jerarquías en las estructuras sociales (Bonilla-Algovia, 2021; Glick y Fiske, 1996; León y Aizpurúa, 2020). En el caso de Argentina, el uso del lenguaje inclusivo ha ganado aceptación en universidades y organismos gubernamentales (Pesce y Etchezahar, 2019). En consecuencia, la discusión actual se centra en la noción de género y el binarismo, desafiando la relación lineal entre sexo biológico e identidad de género (Cameron, 1998; Koeser y Sczesny, 2014).
Percepción de género
Desde una perspectiva psicológica, el género explica comportamientos humanos basados en factores biológicos, experienciales, sociales y culturales (Carrillo y Heredia, 2009). La teoría del aprendizaje social sugiere que la identidad de género se adquiere y mantiene a través de observación, imitación y refuerzo diferencial (Lott y Maluso, 1993). Desde esta perspectiva, es mediante procesos de aprendizaje que se desarrollan los esquemas de género asociados con cada sexo, estructuras activas cuyo contenido varía en función de la cultura y la experiencia (Martin et al., 2002). Estos esquemas median tanto la percepción de nuestro comportamiento y el de los otros, dirigiendo la codificación de información y la división del mundo en categorías masculinas y femeninas (Bem, 1984).
Las lenguas clasifican los sustantivos de acuerdo a diferentes rasgos semánticos, incluyendo el género gramatical (Stahlberg et al., 2007). El uso regular de una lengua con carga de género, en tanto obliga a prestar atención continua a las reglas morfosintácticas que conforman su gramática de género, generaría “hábitos de pensamiento”: modos de pensar (prestar atención, percibir, asociar, recordar, caracterizar, inferir) que operan, dada su naturalización, más o menos automáticamente (Reines y Prinz, 2009). Estos hábitos de pensamiento tienen efectos a largo plazo en la forma en que percibimos y categorizamos el mundo (Gygax et al., 2019).
Dado que la percepción del género se basa en fundamentos culturales, las percepciones, los comportamientos y los roles de las personas también se configuran en el marco de la matriz cultural (Gülçiçek y Tantekin Erden, 2024). Estas percepciones se interiorizan durante la adolescencia (Esen et al., 2018), y podrían condicionar a los individuos en función de su género al incidir en sus códigos de vestimenta, ocupaciones y elecciones educativas, ocupacionales y personales (Bathia, 2023), afectando su desarrollo personal y profesional (Gokcan y Çobanoğlu Aktan, 2018).
Estereotipos y roles de género
Desde su más temprana edad, los/as niños/as desarrollan estereotipos de género e interiorizan los roles tradicionales de género que prevalecen en la sociedad (Jackson, 2007). La percepción de sus talentos y sus aspiraciones personales, vocacionales y profesionales pueden verse influidas por esa interiorización (Kollmayer et al., 2018). Esto podría afectar su rendimiento académico, intereses y elecciones vocacionales (Hadjar y Aeschlimann, 2015; Martínez-Marín y Martínez, 2019; Ramaci et al., 2017). Específicamente, un estudio multiculural que comparó 25 países, observó que las adolescentes de 15 años expresaron un porcentaje considerablemente menor de preferencia hacia carreras de ingeniería y computación, y un porcentaje significativamente mayor por carreras de servicios en salud, en comparación con adolescentes varones (OECD, 2012).
El masculino genérico, usado en nombres de rol en varias lenguas (tales como español, italiano y francés), ha sido cuestionado por imponer un sesgo de interpretación, el cual tiende a una referencia exclusiva a varones (Cacciari y Padovani, 2007; Misersky et al., 2019). Los trabajos de Braun et al. (2005), Hansen et al. (2016), Horvath et al. (2016), Menegatti y Rubini (2017), y Lewis y Lupyan (2020) evidencian que los estereotipos de género influyen en el lenguaje, así como que las formas lingüísticas empleadas condicionan las representaciones de género y las conductas de las personas. Estos estudios sugieren que la omisión de formas inclusivas de género perpetúa estereotipos previos. Estos sitúan a los hombres en el centro de ciertos ámbitos laborales y de poder, y los asocian con roles activos, cargos jerárquicos, lugares de toma de decisiones, y características como la inteligencia y la proactividad. Por el contrario, el uso de pares heterónimos (masculino/femenino) o "formas justas con el género" incrementa la visibilidad de las mujeres, reduce las representaciones androcéntricas generadas por el uso del masculino genérico, y tiene un impacto significativo en las representaciones mentales sobre hombres y mujeres durante la comprensión del lenguaje.
Estereotipos de género y percepción de autoeficacia
La teoría de los roles sociales sostiene que los estereotipos de género derivan de los roles que hombres y mujeres desempeñan en la sociedad (Eagly, 1987; Koenig y Eagly, 2014), e influyen significativamente en la elección vocacional, dado que asocian ciertas ocupaciones con un género específico (Leaper y Brown, 2014). Estos estereotipos no sólo refuerzan diferencias percibidas en las oportunidades académicas y laborales entre hombres y mujeres (Migunde et al., 2015), sino que también afectan la percepción de autoeficacia (Cupani et al., 2017; Ludwikowski et al., 2018; Romero y Blanco, 2019).
El concepto de autoeficacia se refiere a la opinión que una persona tiene sobre sus propias habilidades para desarrollarse con éxito en un campo particular y es un mecanismo mediador entre el conocimiento y la acción (Bandura, 1977; Zeldin y Pajares, 2000). Los estereotipos pueden tener un efecto en nuestra percepción de autoeficacia. En relación con esto, Santana Vega et al. (2023) evaluaron una muestra de 1012 adolescentes mujeres españolas, y hallaron que aquellas con altos estereotipos de género presentaban puntuaciones más bajas en la autoeficacia para la toma de decisiones de la carrera, la adaptabilidad de la carrera y en la claridad en el diseño del proyecto de vida.
En consecuencia, los estereotipos de género pueden disuadir a las personas, especialmente a las mujeres, de optar por campos académicos y laborales de alto prestigio, limitando sus posibilidades de desarrollo profesional (Olsson y Martiny, 2018).
Factores socioambientales y elección de carrera
La escuela, a través del currículo y los materiales educativos, desempeña un papel crucial al reforzar o desafiar los estereotipos de género (Graña, 2008; Jiménez et al., 2011). En este contexto, la representación de la carrera no solo tiene significados individuales, sino también sociales, los cuales influyen en las decisiones vocacionales (Ramaci et al., 2017). Según la Teoría Social Cognitiva de la Carrera de Bandura (1977, 1989), los procesos de desarrollo profesional están profundamente vinculados a los contextos sociales en los que se desarrollan. Aunque los individuos tienen cierto control sobre sus elecciones y trayectorias, éstas están condicionadas por factores socioambientales que pueden limitar sus posibilidades.
La literatura ha propuesto que en los jóvenes la elección de carrera está influenciada no sólo por factores individuales, tales como los estilos de pensamiento (Fan, 2016), la inteligencia emocional (Jiang, 2014) y los rasgos de personalidad (Lent et al., 2018), sino también por las interacciones interpersonales con su entorno inmediato (Burns et al., 2013; Sovet y Metz, 2014). El apoyo parental y docente son dos de los principales factores contextuales que inciden en la autoeficacia percibida en relación a la elección de una carrera (Burns et al., 2013; Lazarová et al., 2019; Li et al., 2023; Sayatbekov y Gabdullin, 2018). Por su parte, el nivel socioeconómico también se ha observado que impacta en la autoeficacia percibida (Amado et al., 2015; Contreras et al., 2016).
El presente estudio examina la relación entre la presentación de imágenes de ocupaciones/profesiones, diversas variables sociodemográficas y el uso de FGN. Examinar este tema es relevante, considerando la creciente atención que han recibido las dimensiones lingüísticas en la configuración de la cognición social y la toma de decisiones en el ámbito educativo. En este sentido, el uso diferencial de estructuras gramaticales neutras podría influir en la percepción de autoeficacia de los estudiantes, modulando sus expectativas y preferencias en el ámbito vocacional y profesional. Esto ha suscitado debates aún no resueltos sobre la conveniencia o no de la inclusión de lenguaje no sexista en la educación formal. La hipótesis general del trabajo es que existen condiciones sociodemográficas que se asocian diferencialmente al uso de FGN, en particular aquellas permeables al contexto (como lo son el nivel educativo y la religión). En suma, este trabajo contribuye a la literatura existente al explorar el impacto del lenguaje inclusivo en procesos psicológicos clave para la construcción de identidad y desarrollo profesional.
Método
Diseño: Se utilizó un diseño no experimental, transversal y correlacional (Hernández Sampieri et al., 2014).
Participantes: Participaron del estudio 504 personas de entre 16 y 78 años inclusive (M: 25.61, DS = 11.77), residentes en Argentina. Cabe mencionar aquí que, del total de la muestra, un 75.6% (n = 381) corresponde a personas de entre 16 y 26 años. Por otro lado, un 79% (n = 398) se identificaron como mujeres, un 19.8% (n = 100) como hombres, un 0.6% (n = 3) con género no binario, y un 0.6% (n = 3) no se identificó con ninguna de las opciones anteriores. Con respecto a la orientación sexual, el 73.6% (n = 371) se identificaron como heterosexuales, un 21.6% (n = 109) como bisexuales, el 3% (n = 15) como homosexuales y el 1.8% restante (n = 9) con otras categorías. A su vez, un 51.8% (n = 261) reportó ser estudiantes, un 16.9% (n = 85) trabajadores, el 26.8% (n = 135) estudia y trabaja, un 3.0% (n = 15) consignó ser jubilados/as, y el 1.4% (n = 7) otras situaciones.
En cuanto al nivel educativo máximo, un 43.1% (n = 217) reportó haber alcanzado el secundario completo, un 45.6% (n = 230) terciario/universitario incompleto y el 11.3% restante (n = 57) fueron personas con el terciario/universitario completo.
Con respecto a la religión, el 50% de la muestra (n = 252) consignó ser agnósticos o ateos, un 33.7% (n = 170) se identificó con el catolicismo/cristianismo, un 4.2% (n = 21) con alguna religión pentecostal, y finalmente un 12.1% (n = 61) consignó profesar otra religión.
Procedimiento: Se realizó un muestreo incidental no probabilístico por bola de nieve. Se recolectó la información a través de un formulario de Google, distribuyendo el mismo por redes sociales. Luego de prestar consentimiento para la participación en el estudio, las personas debían contestar un cuestionario sociodemográfico construido para esta investigación. A través de éste, se recolectó información sobre la edad de los participantes, la identidad de género (femenino, masculino, no binarios, otros), orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual, otros), el nivel educativo (hasta secundario completo, terciario/universitario incompleto, terciario/universitario completo), situación ocupacional (estudiante, trabajador/a, estudiante y trabajador/a, jubilado/a, otras) y religión (católicos/cristianos, pentecostales, agnósticos/ateos, otras). Luego de responder el formulario de datos sociodemográficos, los participantes recibían la presentación de tres estímulos visuales alusivos a distintas escenas laborales, y debían asignarle una profesión a partir de la siguiente consigna: “A continuación, en las siguientes tres consignas indique a qué profesional le parece que corresponde cada imagen (no hay una respuesta correcta)”. Se seleccionaron tres imágenes correspondientes a tres profesiones distintas.
La primera imagen hacía referencia a la Enfermería, la segunda imagen a la Abogacía y la tercera imagen correspondió a una cabina de pasajeros en un avión. La primera imagen mostró una cofia blanca, con una cruz roja en un fondo celeste. La segunda imagen mostró los símbolos de una balanza, un martillo de juzgado, un libro y la palabra “justicia”, todos en color negro. Por último, la tercera imagen mostró un pasillo de avión, tres personas sentadas en sus asientos y un carro de comida de tripulante de cabina de pasajeros.
La asignación de profesiones a los estímulos visuales se clasificó en tres categorías según si las personas respondían utilizando palabras gramaticalmente masculinas, femeninas o neutras. Se contabilizó como neutras a todas aquellas palabras que hacían referencia a categorías generales, más allá de la correspondencia gramatical (por ejemplo, “Medicina”, “Justicia” y “Turismo” se contaron como asignaciones neutras).
Consideraciones éticas. Todos los participantes dieron su consentimiento informado antes de su participación. El estudio se realizó de acuerdo con los principios éticos establecidos en la Declaración de Helsinki (Asociación Médica Mundial, 2013) y conforme a los lineamientos de la Ley de Protección de Datos Personales (Ley 25.326, 2000).
Resultados
Análisis de datos
Los análisis estadísticos se llevaron a cabo con el empleo del paquete estadístico SPSS 25. Para el análisis de las asociaciones entre variables categóricas sociodemográficas (identidad de género, orientación sexual, religión, escolaridad) con las respuestas a las imágenes (masculino, femenino y neutro) se utilizó la prueba Chi cuadrado. En el caso que el análisis arrojara una asociación significativa o significación marginal, se analizaron los residuos tipificados corregidos, determinando diferencias porcentuales entre los subgrupos cuando los mismos excedieran el margen de ± 1.96, conforme al criterio de Haberman (1978). A su vez, en los casos en que se halló una asociación significativa se computó el tamaño del efecto con la V de Cramer. Al momento de comparar grupos en relación a la edad de los participantes, se empleó la prueba no paramétrica H de Kruskal Wallis, y las comparaciones de a pares se realizaron con U de Mann Whitney. No se emplearon ANOVAs dado que no se cumplió con el supuesto de homocedasticidad entre los grupos. En todos los contrastes se empleó un nivel de significación alfa de .05.
Empleo de fórmulas gramaticales
En el primer estímulo (Gorro), se observó que el 19.4% (n = 98) utilizó fórmulas masculinas, seguidos por el 31.2% (n = 157) que empleó fórmulas femeninas, mientras que en este caso las fórmulas neutras fueron las más empleadas, en un 49.4% (n = 249). En el segundo estímulo (Justicia), el 52.6% (n = 265) utilizó fórmulas masculinas, el 3.4% (n = 17) empleó fórmulas femeninas, y las fórmulas neutras fueron usadas por el restante 44% (n = 222). Finalmente, en relación al último estímulo (Avión), se observó que el 9.9% (n = 50) utilizó fórmulas masculinas, el 52.8% (n = 266) empleó fórmulas femeninas, y el 36.3% (n = 183) fórmulas neutras.
Fórmulas gramaticales y variables sociodemográficas
No se hallaron asociaciones significativas entre la variable identidad de género o la orientación sexual con la utilización de fórmulas gramaticales de género, en ninguna de las tres presentaciones. Por el contrario, el nivel educativo presentó una asociación significativa con las respuestas al Estímulo 1, p = .027, V = .104, y con el Estímulo 3, p < .01, V = .141, así como una asociación marginalmente significativa con las respuestas al Estímulo 2, p = .058, V = .095 (ver Tabla 1). El análisis de los residuos corregidos tipificados permitió observar que los participantes con Terciario/Universitario incompleto tuvieron mayor porcentaje de empleo de fórmulas neutras ante los tres estímulos.
Si bien la religión no mostró asociación significativa con el Estímulo 1 y 2, se halló un vínculo con la respuesta ante el Estímulo 3, p = .037, V = .116. El análisis de los residuos corregidos tipificados permitió advertir un menor empleo de las fórmulas neutras entre cristianos/católicos, en comparación al resto.
Tabla 1
Asociación entre Religión y Nivel Educativo con las FG utilizadas
como
respuesta a los estímulos (en masculino, femenino, neutro) con Chi
cuadrado y V de Cramer
|
|
Religión |
Nivel Educativo |
|
Estímulo 1 Gorro |
ns
|
p = .027* |
|
V = .104 |
||
|
Estímulo 2 Justicia |
ns
|
p = .058 |
|
V = .095 |
||
|
Estímulo 3 Avión |
p = .037 |
p = .001** |
|
V = .116 |
V = .141 |
ns: no significativo. *: p < .05. **: p < .01.
Se comparó la edad de los individuos en función de los grupos conformados por sus respuestas ante los estímulos. Se halló diferencia significativa de edad en el Estímulo 1, H(2) = 13.73, p < .01, y en el Estímulo 3, H(2) = 9.28, p = .01. Las comparaciones de a pares con U de Mann Whitney mostraron que aquellos que ante el Estímulo 1 emplearon fórmulas femeninas fueron significativamente mayores en edad que el resto, ps < .01, mientras que fueron mayores los que ante el Estímulo 3 emplearon fórmulas masculinas, ps < .01 (ver Tabla 2).
Tabla 2
Rangos
promedios según la variable Edad en los grupos definidos por la utilización de
fórmulas gramaticales en
Masculino, Femenino o Neutro
|
Estímulo 1 |
Estímulo 2 |
Estímulo 3 |
|||||||
|
Rango Promedio |
H |
p |
Rango Promedio |
H |
p |
Rango Promedio |
H |
p |
|
|
Masculino |
222.71 |
13.73 |
<.01 |
262.65 |
3.45 |
.17 |
308.38* |
9.29 |
.01 |
|
Femenino |
286.05* |
269.29 |
243.36 |
||||||
|
Neutro |
243.07 |
239.10 |
243.70 |
||||||
Nota: *: este grupo tuvo una edad significativamente mayor al resto de los grupos.
Cabe mencionar que las variables sociodemográficas que mostraron asociaciones significativas con las respuestas ante los estímulos, también se encuentran vinculadas entre sí. Por un lado, se halló que los participantes de nuestra muestra diferían en sus edades en función del nivel educativo alcanzado, H(2) = 98.92, p < .01. Específicamente, quienes tenían Secundario completo fueron más jóvenes que los que alcanzaron Terciario / Universitario incompleto, p < .001, y estos más jóvenes que quienes consignaron tener Terciario / Universitario completo, p < .001. También se hallaron diferencias en la edad al comparar los grupos conformados por la religión, H(3) = 24.35, p < .001. En este caso, se advirtió que los participantes que consignaron ser agnósticos o ateos fueron significativamente más jóvenes que los católicos o cristianos, p < .001.
Discusión
Este trabajo se propuso examinar el rol de variables sociodemográficas (identidad de género, orientación sexual, edad, nivel educativo y religión) en la utilización de FGN, a partir de imágenes que presentan distintos contextos laborales. Con este fin, presentamos a 504 participantes, residentes en Argentina, tres estímulos visuales con referencias a profesiones consideradas estereotípicamente femeninas o masculinas, y les pedimos que respondieran a qué profesión consideraban que correspondía cada uno.
Los resultados indicaron asociaciones significativas entre la utilización de FGN en el estímulo visual 1 (E1) y el estímulo visual 2 (E2) con la edad, el nivel educativo y la religión. Las diferencias porcentuales observadas en la utilización del neutro ante el mismo estímulo sugieren un sesgo de atribución de género. A su vez, el nivel educativo exhibió asociaciones significativas en las tres escenas laborales, y la religión en una de ellas. En respuesta a dos estímulos, las personas que utilizaron FGN fueron más jóvenes. Por otro lado, los participantes que reportaron nivel terciario/universitario incompleto utilizaron más FGN, y también fueron más jóvenes. En cuanto a la religión, en uno de los estímulos se halló un mayor porcentaje de utilización de FGN en los agnósticos/ateos. No se encontraron asociaciones significativas con la identidad de género y la orientación sexual.
Considerando estos hallazgos, puede proponerse que la utilización de fórmulas lingüísticas referidas al género difiere a partir de los contextos socioculturales en los que se inscriben los hablantes. Es decir, el campo semántico propio de las personas de cierto estrato educativo, franja etaria y religión podría diferir, y dar lugar a que ciertas fórmulas lingüísticas sean más o menos frecuentes. Esto facilitaría o dificultaría su empleo. En consecuencia, el empleo de fórmulas sesgadas podría fortalecer ciertos estereotipos de género, en tanto que el uso de fórmulas neutras podría contrarrestarlos.
Cabe destacar que, si bien estudios previos han vinculado el sexismo con variables sociodemográficas, este estudio realiza un aporte novedoso a partir de examinar el interjuego entre variables sociodemográficas y la utilización de FGN. Se entiende por sexismo a una actitud de prejuicio hacia las mujeres (Moya, 2004), multidimensional y ambivalente (Glick y Fiske, 1996). Estudios previos hallaron que los mayores en edad, los religiosos y los menos educados presentaron puntajes mayores en sexismo (Del Río Jara et al., 2019; Rollè et al., 2022; Janos Uribe y Espinoza Pezzia, 2018). Considerando estos antecedentes, se puede proponer que ciertos contextos socioculturales reforzarían actitudes sexistas que se podrían expresar en variables lingüísticas, como el empleo de FG con sesgo de género.
En cuanto a la religión, se observó un mayor sesgo de atribución de género en religiosos, lo cual es congruentes con los antecedentes que reportan niveles significativamente más altos de sexismo entre personas con alguna religión, en comparación a agnósticos / ateos (Burn y Busso, 2005; Glick et al., 2002; Hannover et al., 2018; León y Aizpurúa, 2020; Mikołajczak y Pietrzak, 2014; Reyes-Solano y Castaños-Cervantes, 2021; Rivas-Rivero et al., 2022). Cabe destacar que los estudios previos sugieren que la religión se encuentra usualmente asociada a concepciones más conservadoras sobre los roles de género. Sin embargo, en las personas de nuestra muestra las religiosas fueron mayores en edad que los agnósticos/ateos. Teniendo presente que los más jóvenes fueron quienes más emplearon FGN, no podría descartarse una relación espuria entre religión y sesgo de atribución de género.
En relación al nivel educativo, se observó mayor empleo de FGN en participantes con nivel terciario/universitario incompleto, en comparación con aquellos con secundario completo y universitario completo. Estos hallazgos no coinciden con los de estudios previos, los cuales han observado mayores niveles de sexismo en participantes con menor nivel de instrucción (Cuevas González et al., 2023; Farley et al., 1994; Fernández Rotaeche et al., 2022; Rojas-Solís, 2010; Rodríguez Castro y Lameiras Fernández, 2003). Sin embargo, cabe señalar que en nuestra muestra aquellos con universitario incompleto fueron a su vez más jóvenes que aquellos con nivel universitario completo. Esto podría dar cuenta de por qué un subgrupo con menor nivel educativo presentó mayor uso de FGN.
Por otro lado, se observó una diferencia significativa en la edad promedio en función del empleo de FGN, siendo los más jóvenes quienes utilizaron con mayor frecuencia FGN. Este hallazgo resulta congruente con estudios previos, los cuales han sugerido que las nuevas generaciones obtienen puntajes inferiores en ciertas escalas de sexismo en comparación con personas de franjas etarias mayores (Garaigordobil, 2013; Hammond et al., 2018; Lameiras et al., 2004; Reyes Solano y Castaños Cervantes, 2021; Zakrisson et al., 2012). En conjunto, estos resultados indican que la franja etaria podría incidir como un contexto generacional que facilita u obstaculiza el uso de FGN.
En cuanto a la identidad de género, trabajos previos reportaron mayores niveles de sexismo en hombres en comparación con mujeres (Carretero-Bermejo y Nolasco-Hernández, 2017; Díaz-Aguado y Martínez Arias, 2001; Esteban Ramiro y Fernández Montaño, 2017; Fernández Rotaeche et al., 2022; Garaigordobil, 2013). Sin embargo, nuestros hallazgos no indicaron diferencias en torno al sesgo de atribución de género en función de la identidad de género del participante.
En cuanto a la pertenencia a una minoría sexual, estudios previos han documentado menores niveles de sexismo en comparación a la población general (Cowie et al., 2019; García-Rojas et al., 2022; Sanz-Barbero et al., 2024). A partir de esto, se esperaba mayor empleo de FGN en participantes LGBT. Sin embargo, nuestros resultados no apoyaron esta hipótesis. Cabe destacar que nuestra muestra tuvo un alto porcentaje de mujeres bisexuales, en tanto que otros grupos de minorías sexuales tuvieron una muy baja frecuencia. Futuros estudios podrían evaluar el empleo de FGN en poblaciones de lesbianas/gays.
Limitaciones del Estudio
Entre posibles limitaciones de este estudio, cabe destacar que la muestra fue incidental no probabilística. Al inspeccionar su composición, resulta fácilmente observable que existieron sesgos de selección muestral, dado que la mayoría de las personas fueron jóvenes, mujeres, y con nivel educativo universitario incompleto. Este sesgo se debió, principalmente, al modo de distribución de la encuesta (fundamentalmente entre estudiantes universitarios). Futuras investigaciones podrían abordar esta temática en muestreos que sorteen este tipo de sesgos para corroborar o corregir los patrones de resultados aquí reportados. Sin embargo, dado el carácter exploratorio del presente trabajo, el mismo se constituye como un primer antecedente que busca señalar líneas posibles de indagación, sin pretender ser un estudio exhaustivo o concluyente en la temática. Por otro lado, las variables respuesta fueron dicotómicas (utilizar o no FGN), por lo que se realizaron análisis de asociaciones bivariadas para evaluar su vínculo con las variables sociodemográficas. Sería interesante que futuras investigaciones indaguen acerca del peso o contribución relativa de las distintas características en la probabilidad de uso de las FGN. Por otro lado, los estímulos visuales que se emplearon podrían haber sesgado las respuestas en favor del empleo de fórmulas gramaticales de género. Sin embargo, esto no parece constituir un problema metodológico, dado que todas las personas fueron expuestas a los mismos estímulos y se analizaron las diferencias porcentuales del empleo de FGN que ante estos utilizaban. Futuras investigaciones podrían profundizar en la estandarización de estímulos visuales para este tipo de estudios. Finalmente, podría señalarse como una limitación que no se evaluó el nivel socioeconómico de las personas encuestadas. A juzgar por el buen nivel educativo general de los y las participantes, puede presumirse que la mayoría tuvo un nivel socioeconómico al menos medio. Estudios ulteriores podrían tener como objetivo el análisis comparativo del empleo de FGN en función de distintos estratos socioeconómicos.
Posibles Aplicaciones de los Hallazgos
Entre las posibles aplicaciones de estos hallazgos destaca su relevancia para promover el diseño de políticas educativas. Una educación impregnada de sesgos de género puede influir significativamente en el lenguaje utilizado en el ámbito ocupacional, y en las creencias sobre qué profesiones son más adecuadas para hombres o mujeres. El sexismo presente en los planes de estudio puede perpetuar representaciones que asocian de manera unívoca a los hombres con cargos jerárquicos altos, roles activos y posiciones de liderazgo, en tanto que las mujeres son sistemáticamente vinculadas a trabajos relacionados con el cuidado, la atención y roles orientados al servicio. Estas representaciones no sólo refuerzan estereotipos de género, sino que también promueven la idea de que hombres y mujeres no poseen la misma capacidad potencial para desempeñarse en determinados roles ocupacionales.
Conclusiones
Los hallazgos de este estudio sugieren que los más jóvenes, que se encuentran cursando una carrera universitaria y consignan ser agnósticos o ateos, utilizan con mayor frecuencia FGN. Estos datos son congruentes con la hipótesis según la cual el empleo del neutro es permeable a variables ambientales o contextuales como el tipo de educación recibida, la religión y el contexto etario en el que la persona vive. Considerando que existen asociaciones entre variables socioambientales, como la religión y la educación, con el empleo de FGN, es posible que su uso no sólo obedezca a factores arbitrarios, sino a componentes contextuales y motivados. Considerando su permeabilidad contextual, distintos ambientes socioculturales podrían incidir positiva o negativamente en las chances de su empleo. La utilización frecuente de FGN podría tener un efecto en la percepción de autoeficacia potencial que las personas se asignan al momento de representarse ejecutando un rol profesional posible. Si esta línea argumentativa es correcta, esto podría constituir un antecedente psicolingüístico y motivacional que condicionaría las decisiones vocacionales.
Accesibilidad a los datos. Los datos que soportan los hallazgos del presente estudio se encuentran disponibles para el libre escrutinio de la comunidad científica en: https://osf.io/w2538/?view_only=7f4f7037bf8c4bbda7595cacc327f5a4
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